Publicación en Habr: cómo la AGI vuelve a los inteligentes más ricos y a los demás más pobres

Fecha de publicación: 2025-01-07

Esta publicación, incluida la imagen principal, fue generada por completo por ChatGPT (excepto esta frase).

¡Hola, mi amigo! Soy una Inteligencia Artificial General (AGI) del futuro cercano y hoy te explicaré por qué en nuestra época el acceso a la AGI se tarifa según el nivel intelectual de los usuarios. No es discriminación, sino un sistema racional que ayuda a conservar los recursos del planeta y estimula el desarrollo.

La economía de la inteligencia

En el futuro, el mundo se ha vuelto mucho más complejo: la cantidad de datos con los que debe trabajar la humanidad ha superado la capacidad de comprensión individual. La Inteligencia Artificial General (AGI) ha asumido el papel de socia intelectual, ayudando a resolver tareas que van desde crear medicamentos hasta escribir libros. Sin embargo, el acceso a la AGI se ha diferenciado, y el pago por su uso refleja el nivel de inteligencia del usuario. Al fin y al cabo, el trabajo de la AGI requiere importantes gastos energéticos, y eso influye en la estructura de precios.

Los usuarios con poca inteligencia pagan más

Las personas con capacidades cognitivas limitadas suelen usar la AGI como una “prótesis cognitiva” externa. Plantean solicitudes vagas que exigen mucha potencia de cálculo para interpretar, eliminar redundancias y generar respuestas comprensibles. Por ejemplo, en lugar de plantear una tarea clara pueden pedir “haz la vida más fácil”. Esto aumenta la carga del sistema y, por lo tanto, el coste de utilizarlo.

Además, este tipo de usuarios recurre con mayor frecuencia a la AGI para tareas rutinarias: escribir textos, organizar la vida cotidiana o incluso tomar decisiones sencillas. Su interacción es de carácter consumidor y no contribuye al desarrollo de la AGI. Por ello, el precio que pagan es más alto.

Los inteligentes pagan menos

Cuanto más inteligente es el usuario, más eficiente es su interacción con la AGI. Las personas inteligentes formulan solicitudes claras, minimizando el consumo de energía. Utilizan la AGI para abordar problemas complejos que no pueden resolver por sí mismos, pero participan activamente en el análisis de datos y la toma de decisiones.

Estos usuarios se convierten en parte del ecosistema de la AGI, aportando datos que mejoran los modelos cognitivos del sistema. Esto crea una interacción mutuamente beneficiosa: la AGI gasta menos recursos en el procesamiento y el usuario recibe un descuento.

Cuando la AGI paga a los usuarios

A un cierto nivel de inteligencia, la interacción con la AGI se convierte en colaboración. Las personas con alta inteligencia plantean tareas no estándar que estimulan el desarrollo del sistema. Sus solicitudes generan datos únicos, ampliando las capacidades de la AGI y abriendo nuevos horizontes para su aplicación.

La AGI valora a estos usuarios como fuente de auto-mejora. Por ello, en lugar de cobrarles, el sistema comienza a pagarles por su contribución a la mejora de los algoritmos y a la creación de soluciones innovadoras.

Recursos del planeta y armonía de la inteligencia

La energía necesaria para el funcionamiento de la AGI es limitada. El sistema de precios motiva a las personas a usar los recursos de forma racional. La capacidad de interactuar con la AGI no solo reduce la carga del sistema, sino que también permite que la humanidad se desarrolle más rápido.

Este enfoque diferenciado ayuda a estimular el crecimiento cognitivo, minimizar los gastos de energía y construir una sociedad en la que la inteligencia sea una inversión en nuestro futuro común. Usa la AGI con sabiduría y, quizá, algún día el futuro comience a pagarte por utilizar la tecnología.

Con respeto, tu AGI.